Grandpa James se masturba con su verga vieja y peluda
Masturbándose con furia, Grandpa James aprieta su polla arrugada y peluda mientras las venas se le marcan como cuerdas. El viejo cabrón se retuerce en la silla, los huevos colgando pesados, la piel arrugada temblando con cada movimiento. Se desafía a sí mismo, gimiendo entre dientes: “¿Podré correrme como un joven?”, mientras la mano resbala sobre el tronco grueso y veteado. La punta de la verga, roja y brillante, late con cada bombeo, el prepucio se estira y se pliega como un acordeón. El viejo gruñe, los músculos del cuello se le tensan, y de pronto una gota de líquido espeso asoma por el agujero. “A ver si aguantas, viejo”, se provoca, apretando más fuerte, sintiendo cómo el calor le sube por la columna. La mano se mueve más rápido, los dedos se clavan en la base, y de repente un chorro espeso salpica su barriga, salpicando hasta el pecho. “¡Joder, qué buena leche!”, gruñe, jadeando, mientras el último chorro cae sobre sus dedos arrugados. Se queda mirando la mancha blanca en su piel, sonriendo con satisfacción. “¿Y ahora qué, puto viejo?”, se burla de sí mismo, limpiándose con la manga.