Grabación gay con daddy y polla enorme
El daddy ya venía con la verga dura desde que lo vio llegar, esos músculos marcados bajo la camisa ajustada y ese aire de superioridad que lo ponía más cachondo que nunca. Cuando el chico más joven entró al cuarto, el daddy no perdió el tiempo y lo agarró del pelo para meterle la polla hasta la garganta sin aviso, ahogándolo con ese grosor que le hacía babear de solo pensarlo. El chico, que ya llevaba días imaginando cómo sería sentir esa verga gruesa estirando su culo apretado, no pudo evitar gemir con la boca llena mientras intentaba respirar entre arcadas. El daddy, con una sonrisa perversa, le escupió en el glande y le dijo que aguantara porque lo iba a empotrar como a una puta barata, sin piedad ni preliminares. Las manos del daddy le apretaron las nalgas con fuerza, separándolas para que el lubricante resbalara por todo el ano y preparara ese agujero ansioso, que ya palpitaba de ganas por ser reventado. Cuando por fin la polla entró, el chico gritó como si lo estuvieran matando, con ese dolor placentero que se mezclaba con el placer de sentir cómo lo llenaban por completo, estirando sus paredes hasta el límite. El daddy no se contuvo y empezó a mover las caderas con embestidas brutales, el sonido de los huevos golpeando contra el culo resonando en el cuarto mientras el chico solo podía mover la cabeza de un lado a otro, ahogando los gemidos en la almohada. Cada vez que la verga entraba hasta el fondo, el daddy gruñía como un animal en celo, maldiciendo entre dientes mientras le agarraba el cuello para mantenerlo quieto, como si fuera un juguete sexual sin voluntad propia. El chico, ya resignado a ser usado como un trapo, solo podía concentrarse en aguantar esas embestidas salvajes que lo dejaban sin aire, con la boca abierta en un suspiro constante y los ojos vidriosos de tanto placer y dolor. Cuando el daddy por fin decidió correrse, sacó la polla de golpe y le escupió la leche caliente en la espalda sudorosa, marcándolo como si fuera su propiedad, mientras el chico se quedaba temblando, con el culo abierto y la respiración entrecortada. La grabación termina con el daddy limpiándose la verga con la camiseta del chico, dejando claro quién mandaba en esa follada, mientras el joven solo atinaba a mirarlo con los ojos brillantes de lujuria y sumisión.