Fetichistas de látex arriesgan todo en un juego peligroso
Ardiendo bajo el sudor que resbala por sus cuerpos cubiertos de látex, los amantes saben que cualquier ruido los delataría — los pasos de la vecina en el pasillo, el crujir de la puerta mal cerrada, el gemido ahogado que se les escapa cuando el glande de él empuja hasta hacerle tocar el cuello del útero. La tensión de ser descubiertos los excita más: ella aprieta los muslos contra las caderas de él, sintiendo cómo el material brillante se pega a su piel mojada, mientras él empaña el látex con cada respiro acelerado. Con una mano en su boca para ahogar los gritos, ella mordisquea el guante de él, sintiendo los dedos de látex rozar su paladar antes de que él los use para abrirle el culo, deslizándolos hasta donde la piel se vuelve más sensible. El riesgo de que alguien entre en ese momento hace que sus movimientos sean más bruscos, más desesperados: él la voltea contra la pared, el látex crujiendo entre sus cuerpos, y la penetra de una embestida, sintiendo cómo su polla se hunde sin dejar nada fuera. Ella clava las uñas en su espalda, dejando marcas en el material brillante mientras la humedad entre sus piernas se mezcla con el sudor que gotea por sus piernas. Cada vez que escuchan un ruido fuera, se quedan paralizados, conteniendo la respiración, pero el deseo es más fuerte: él la gira hacia la ventana, donde las luces de la calle se reflejan en el látex, y la penetra desde atrás, empujando hasta que las caderas chocan con fuerza. El sonido del látex pegándose y separándose es lo único que rompe el silencio, junto con los gemidos que ella no puede contener, ahogados contra su antebrazo. Las piernas le tiemblan cuando siente el orgasmo acercarse, pero no puede gritar, solo morderse el labio hasta sangrar, sintiendo cómo todo su cuerpo se estremece bajo las manos enguantadas que la sujetan con fuerza. Él gruñe, sus caderas moviéndose más rápido, más duro, hasta que el látex se tensa entre ellos y su polla palpitante se vacía dentro, caliente y viscosa. Justo cuando ella va a gritar, escuchan pasos en el pasillo — alguien se acerca.