Esposa caliente se deja follar salvaje en la sala
Llevaba meses coqueteando con él, rozando su culo contra el mostrador mientras él preparaba el café. Hoy no pudo resistirse: se le acercó despacio, le bajó los pantalones y le agarró la polla dura como si fuera suya. Él no necesitó más invitación, la empujó contra el sofá y le arrancó las bragas de un tirón con los dientes. Su coño estaba empapado, listo para recibir cada embestida profunda que le metía sin piedad, mientras ella gemía como una puta en celo. Le chupó los pezones duros como piedras mientras le clavaba las uñas en la espalda, suplicando que no parara. Él la empotró contra la pared, levantándole las piernas para que sintiera cada centímetro de su verga hasta el fondo, haciendo que su coño se contrajera de placer. Entre gritos y sudor, ella se corrió dos veces seguidas, mojando toda la alfombra mientras él le llenaba el vientre de leche caliente. Después, la arrastró al baño para limpiarse, pero antes de salir, le susurró al oído que lo hicieran de nuevo en el dormitorio. Sus tetas naturales y su culo prieto brillaban bajo la luz tenue, marcados por las manos de él que no podían saciarse. Cuando por fin se dejaron caer en la cama, él le prometió que mañana sería igual de intenso... si es que ella aguanta.