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Dos morras se devoran entre gemidos en la cocina

19:10 1080P 5 Familia Pervertida
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Estúdio betty007

La morra de pelo corto y tetas naturales no podía esperar ni un segundo más cuando su amiga, una profesora de colegio con un culito redondo y perfecto, le arrancó el sujetador en medio del salón mientras le mordisqueaba el cuello con desesperación. Entre saliva y gemidos ahogados, sus lenguas se enredaban como si llevaran años sin probarse, mientras las manos de la morra más alta le apretaban los pechos firmes con una fuerza que hacía que los pezones se le pusieran duros al instante. El aire olía a coño mojado y a perfume barato, mezclado con el sudor que les resbalaba por los muslos cuando la morra de pelo corto la empujó contra la mesa de la cocina, arrancándole las bragas de encaje con los dientes antes de hundir la cara entre sus piernas. La profesora no pudo evitar soltar un gritito cuando sintió el primer lametón en el clítoris, su coño empapado se abría como una flor bajo el ataque de esa lengua experta que no dejaba ni un centímetro sin explorar. Entre jadeos, la morra más baja se quitó la falda y se subió encima de ella, frotando su coño ya chorreante contra el muslo de su amiga mientras le chupaba los pezones con tanta fuerza que la profesora sintió cómo le temblaban las piernas. Cuando la morra de pelo corto le metió dos dedos bien profundos en la vagina, la profesora no pudo aguantar más y se corrió con un gemido ronco, empapándole la mano mientras su cuerpo se sacudía contra el borde de la mesa. Pero no había terminado: con un empujón brusco, la morra la volteó boca abajo sobre la mesa fría, le separó las nalgas con las manos y le lamió el culo antes de clavarle la polla —sí, polla— en la vagina desde atrás, empotrándola con tanta fuerza que los platos de la alacena empezaron a vibrar. La profesora, con la cara pegada a la mesa y los pechos aplastados, solo podía gemir y suplicar que no parara, mientras la morra le mordía el hombro y le clavaba las uñas en las caderas, dejando marcas rojas que se mezclaban con el sudor y la crema que ya le resbalaba por los muslos. Cuando la morra sintió que su coño se contraía alrededor de su verga, aceleró el ritmo hasta que ambas se corrieron juntas, gritando como locas en medio de la cocina, con los cuerpos pegajosos y las respiraciones entrecortadas mientras se desplomaban sobre el suelo, sin fuerzas pero con la satisfacción de haberlo dejado todo en la cama... bueno, en la mesa de la cocina.

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