Desconocida del gimnasio me empotra y me llena la cara de leche
La rubia de culo perfecto que siempre me miraba en el gimnasio finalmente se acercó cuando estaba levantando pesas... Su coño ya estaba mojado cuando me pidió que la ayudara a ajustar su postura, pero en vez de eso, me empujó contra la pared y me bajó los pantalones con una sonrisa pícara. Su boca caliente envolvió mi polla dura mientras sus tetas grandes rebotaban contra mi pecho, y no pude evitar gemir cuando empezó a chupar con fuerza, tragando hasta el fondo. Sin avisar, me dio la vuelta y se puso en cuatro patas, mostrando su culo redondo y su chocho rosado antes de que yo la penetrara con embestidas brutales. Cada golpe hacía que sus nalgas temblaran y su coño chorreara más, mientras ella gritaba como una puta en celo. Cuando ya no aguanté más, la hice arrodillarse y me corrí en su cara, llenando sus labios y su barbilla con mi leche espesa. Se limpió con los dedos y los chupó con una mirada de satisfacción, dejando claro que esto no sería la última vez.