Crystal Rush se entrega a mi polla hasta correrse sin parar
La sala estaba bañada en luz tenue, con el sonido de música sensual de fondo que apenas tapaba los gemidos ahogados de Crystal. Cuando entró, ya sabía que me retaría: sus tetas rebotaban con cada paso, desafiantes, y sus labios carnosos se curvaban en una sonrisa de puta que sabe lo que quiere. '¿Crees que puedes manejarme, Joshua?' me lanzó, mordiéndose el labio. Mi polla ya estaba dura antes de que terminara la frase. La tiré al sofá de una vez, separándole las piernas para enterrar la cara en su coño mojado, chupando hasta que sus muslos temblaron. Cuando pasé los dedos por su culo apretado, gimió como si le hubiera tocado el paraíso. La giré de espaldas y le hundí la polla de un solo golpe, sintiendo cómo su carne se ajustaba a cada centímetro. Le tiré del pelo mientras la embestía, marcando ritmo con palmadas secas en su nalga roja. 'Pide más', le ordené, y juro que casi lloró cuando obedeció, suplicando que la follara más duro. La puse a cuatro patas y le clavé la polla hasta que sus gritos se volvieron roncos. Cuando al fin me corrí, llenándola entera, dejó escapar un gemido largo, como si cada gota le quemara por dentro. Lo último que vi antes de derrumbarme fue su sujetador tirado en el suelo, una de las copas manchada de saliva de tanto chuparla.