Assilille te provoca hasta que pierdes el control
Ese día en el dormitorio, la luz tenue resaltaba cada curva de su cuerpo mientras Assilille se movía frente a ti con una sonrisa pícara. Sabías que llevaba horas provocándote: fotos en ropa interior ajustada, rozándose contra tu pierna al pasar, susurros en tu oído que te dejaban duro. Ahora, con solo un tanga negro y tacones altos, se arrodilló frente a ti, sus labios carnosos rozando tu polla antes de chuparla con lentitud exasperante. Sentías cómo su lengua trazaba círculos en la punta, sus dedos acariciando tus pelotas con un ritmo que te volvía loco. Cuando por fin te la metió entera de golpe, gemiste sin poder evitarlo, agarrando su pelo mientras ella te miraba con esos ojos desafiantes. Sus tetas rebotaban con cada embestida, sus gemidos ahogados por tu verga llenando la habitación. No aguantaste más y la empujaste contra la pared, empotrándola con fuerza hasta que sus uñas se clavaron en tu espalda. Te corriste dentro de ella con un gruñido, sintiendo cómo su coño se contraía alrededor de tu polla. Cuando te retiraste, ella se lamió los labios y te dijo: "¿Ya te cansaste o quieres más?"