Yokai calientes en el onsen: 15 minutos de lujuria 3D
“¿Te gusta lo que ves, humano?”, me susurró la demonio de tetas gigantes mientras se desataba el kimono, dejando al descubierto sus pezones rosados y duros. Yo ya llevaba horas imaginando ese momento, desde que empezó a enviarme fotos de su cuerpo mojado en el baño, rozándose contra mí cada vez que pasaba. Sabía que me estaba provocando, que quería que perdiera el control, y funcionó. En cuanto su mano se deslizó por mi polla, no pude resistirme. La empujé contra la pared de azulejos, mis dedos se hundieron en su coño chorreante mientras ella gemía como una perra en celo. Sus tetas rebotaban con cada embestida, mis pelotas golpeaban su culo apretado mientras la penetraba hasta hacerle tocar el cuello del útero. El agua caliente del onsen resbalaba por su piel, mezclándose con el sudor de nuestros cuerpos. Cuando por fin me corrí, lo hice dentro de su boca, llenándola hasta las pelotas mientras ella tragaba cada gota como si fuera su última comida. Al terminar, su labio inferior aún tenía una mancha de mi leche, y el kimono yacía hecho un ovillo en el suelo.