Vina Sky, la hermanastra asiática que no para de gemir
Esa tarde en la habitación, la tensión entre ustedes dos ya no se aguantaba más. Llevaban días mirándose de reojo, roces 'accidentales' en el pasillo, suspiros ahogados cuando creían que nadie los veía. Ahora, con la puerta cerrada y la luz tenue, Vina Sky se mordía el labio mientras te acercabas, sus tetas pequeñas pero firmes temblando con cada respiración. La agarras por la cintura y la sientes mojada antes de siquiera tocarle el coño, su piel suave como seda bajo tus dedos. Te arrodillas y le separas las nalgas, hundiendo la cara en su chochito rosado y húmedo, chupando con fuerza hasta que gime tu nombre. Sientes cómo se retuerce, sus uñas clavándose en tu espalda mientras la levantas y la empotras contra la pared, metiéndote la polla hasta las pelotas en un solo movimiento. Sus gemidos se vuelven gritos cuando empiezas a embestirla sin piedad, el choque de sus cuerpos resonando en la habitación. La llevas a la cama y la pones a cuatro patas, agarrándole las caderas con fuerza mientras le das por detrás, sintiendo cómo su culo perfecto rebota contra tu vientre. En más de 16 minutos de escena, la follas en todas las posiciones posibles, desde misionero hasta perrito, hasta que por fin se corre en tu cara, su jugo caliente chorreando por tu barbilla. Jay Rock mira desde la esquina, con los ojos vidriosos y la polla dura, pero esta vez no es él quien se lleva el premio.