Un culazo enorme en cámara web en vivo
El tipo ni se imaginaba lo que le esperaba cuando encendió la cámara para sacarse unas fotos con el culo al aire. Al principio solo se masajeaba las nalgas bien prietas, apretando los cachetes para que se le marcara cada curva jugosa, pero pronto la cosa se puso picante cuando su mano empezó a bajar hasta el coño depilado que ya estaba más que mojado. Con los dedos se abrió los labios vaginales para que se viera el brillo del jugo resbaladizo mientras gemía fuerte, diciendo que quería sentir una polla gruesa clavada hasta el fondo. No pasó ni un minuto cuando escuchó la voz ronca de otro tipo al otro lado, preguntando si podía entrar a la sala para verlo mejor, y sin pensarlo dos veces le contestó que sí, que se dejara caer sin miedo. El novato se quitó el pantalón en un santiamén y mostró una verga enorme, dura como un palo y con las venas marcadas, lista para empalmar ese culazo que tanto lo volvía loco. Lo primero que hizo fue lamerle el culo desde el coxis hasta el perineo, sintiendo el sabor a piel caliente y sudor, mientras las manos del otro le apretaban los glúteos para abrirle bien el agujero, que ya se le estaba poniendo rosado y relajado. Cuando la lengua se cansó, agarró la polla con fuerza y se la clavó de una sola estocada, haciendo que el otro gritara como puta en celo mientras las caderas se le movían solas, buscando más y más profundidad. Cada embestida le hacía vibrar las nalgas al ritmo de los golpes secos, y el sonido de los huevos chocando contra su piel era música para sus oídos, mientras el novato le susurraba al oído lo rico que estaba ese culo apretando su verga como si fuera un guante. No tardó en sentir que los jugos le resbalaban por las piernas, mezclándose con el sudor y el semen que ya empezaba a gotearle por el muslo, y supo que estaba a punto de correrse como un animal. Con un último empujón brutal, enterró la polla hasta las bolas y se quedó quieto, sintiendo cómo el otro se sacudía mientras le llenaba el culo de leche espesa, gruesa y caliente, que le hacía cosquillas en el agujero al salir por la base de la verga. Los dos quedaron jadeando, con las frentes pegadas y los cuerpos pegajosos, mientras las manos seguían acariciando cada centímetro de piel sudada y satisfecha.