Rubia caliente follando con el repartidor y el vecino
El timbre sonó justo cuando me estaba depilando las piernas, con la espuma aún fresca y el aroma a vainilla llenando el baño. No esperaba que el repartidor fuera tan guapo, pero cuando abrí la puerta con esa toalla corta, sus ojos se clavaron en mi piercing brillante y en cómo se me marcaban los labios de la entrepierna. Giovanni no pudo evitar tocarme, y antes de que me diera cuenta, ya tenía su polla dura entre mis manos, gruesa y palpitante. Fue entonces cuando escuché un gemido desde la ventana del vecino, y al girarme, vi a Thayron con la mano en su verga, masturbándose sin vergüenza mientras nos observaba. Me excitó tanto que empotré a Giovanni contra la pared, sintiendo cómo su polla me llenaba entera de golpe, mientras el vecino se acercaba para chuparme los pezones. Thayron no tardó en unirse, metiendo sus dedos en mi coño ya mojado antes de que le dijera que me la metiera por atrás. Los dos me empotraron como animales, uno en mi boca y otro en mi culo, hasta que sus corridas me cubrieron la cara y el pelo. Al final, solo quedó el rastro de sus manos en mis muslos y un condón usado en el suelo del pasillo.