Profesora cachonda se folla al alumno con los pies
La señora Martínez lleva sus medias de nylon bien ajustadas y lustrosas mientras lee en voz alta frente a toda la clase, pero sus ojos verdes no pueden evitar clavarse en el culo prieto de ese chico nuevo. Él, con solo diecinueve años y una verga que le apunta directamente al cielo, no puede concentrarse ni un segundo más bajo esa mirada que le recorre el cuerpo como si fuera un trazo de miel caliente. Cuando ella se acerca a corregirle un ejercicio, el perfume a vainilla y tabaco barato que desprende su escote le nubla la mente por completo, y sin pensarlo dos veces le susurra al oído que necesita que le limpie un manchurrón en los zapatos... con la lengua. El chico, más que obedecer, se agacha de inmediato y cuando sus labios rozan el cuero negro, ella le agarra la cabeza con fuerza y le empuja la cara contra su pie, donde la media húmeda ya se le pega a los dedos por el sudor excitado. La profesora gime en voz baja mientras él lame con avidez la planta, saboreando el sabor salado y el calor que emana entre los dedos, y cuando por fin se endereza, sus piernas temblonas casi no la sostienen. Sin decir ni una palabra más, la mujer se quita un zapato y se sube a la mesa del profesor con un movimiento brusco, dejando al descubierto un coño depilado y brillante que apesta a deseo desesperado. El alumno no pierde ni un segundo: se abalanza sobre ella, le levanta el vestido hasta la cintura y con un solo empujón se la empala hasta el fondo, arrancándole un grito tan agudo que hasta el conserje lo escucha desde el pasillo. Las medias de nylon se le clavan en los muslos mientras la profesora se retuerce bajo su peso, sus tetas rebotando al ritmo de cada embestida brutal que le hace perder el aliento, y cuando él le agarra el pelo y le inclina la cabeza hacia atrás para morderle el cuello, ella se corre con un espasmo fuerte que le inunda el coño de jugos espesos y le escurre por las piernas. El chico, lejos de detenerse, le agarra la polla con una mano y se la mete en la boca antes de que pueda recuperarse, obligándola a tragarse hasta la última gota de leche espesa que le brota a borbotones mientras ella gime con los ojos en blanco, con los pies aún enredados en las medias que ahora están empapadas de sudor y esperma.