Estudiante japonesa muestra su coño peludo bajo el escritorio
La chica de uniforme se sentó frente a mí con las piernas abiertas, dejando que su tanga se hundiera entre sus nalgas jugosas mientras el coño peludo asomaba bajo la falda. Sus tetas naturales rebotaban con cada movimiento, y las medias altas abrazaban sus muslos firmes, haciendo que mi polla se pusiera dura al instante. No pude resistir y metí la mano bajo el escritorio para tocar su culo parado, sintiendo cómo su tanga se mojaba más con cada caricia. Ella gimió bajito, arqueando la espalda mientras mis dedos exploraban su raja caliente, pero de repente apartó mi mano con una sonrisa pícara. Se levantó, se bajó el leotardo hasta las rodillas y se inclinó sobre el escritorio, mostrando su coño empapado y su culo perfecto para que lo devorara. No lo pensé dos veces: me arrodillé, le separé las nalgas y empecé a chuparle el clítoris con fuerza, sintiendo cómo su jugo me cubría la cara. Ella se retorcía, jadeando y pidiendo más, hasta que me paré, le arranqué el tanga y le metí la polla hasta el fondo, embistiéndola sin piedad mientras sus tetas golpeaban el escritorio. El sonido de su culo chocando contra mi cuerpo llenó la habitación, y cuando ya no aguanté más, le llené el coño de leche caliente mientras ella gritaba de placer. Se quedó temblando, con las piernas temblorosas y el coño chorreando, pero no me importó: ya tenía su tanga en mi bolsillo como trofeo.