Latina se corre mirándome a los ojos follando
La piel le brillaba de sudor mientras él la empotraba contra el colchón, las tetas grandes y naturales le rebotaban con cada embestida. Ella jadeaba sin control, mordiéndose el labio inferior mientras sus miradas se clavaban como cuchillos, sintiendo cómo la polla gruesa le abría el coño de par en par. Primero fue lento, con la punta rozándole el clítoris hinchado, haciéndola gemir como una puta desesperada por más. Él le agarró las caderas con fuerza y la levantó un poco, hundiéndosela hasta el fondo sin piedad, haciendo que el culo le temblara al ritmo de los golpes profundos. Ella no pudo aguantar más y le rodeó el cuello con los brazos, pegando su boca a la suya mientras los dos se corrían juntos, la leche caliente llenándole el coño mojado y los muslos temblorosos. Después, él se quedó quieto, jadeando, con la polla aún dura dentro de ella, mientras ella le chupaba los huevos bien apretados, saboreando el semen que le quedaba. No contenta con eso, se agachó y se puso a lamerle el culo con la lengua, notando cómo los pelos le hacían cosquillas en la mejilla. Él gruñó y la empujó contra el suelo, obligándola a ponerse en cuatro patas para clavársela de nuevo, esta vez más rápido, más duro, hasta que ella gritó que no podía más. La cama crujía como loca, los cuerpos chocando sin parar, y ella no dejó de gritar su nombre entre gemidos, con los pechos pegados al colchón y el coño empapado. Cuando por fin se corrió, fue tan intenso que se le nublaron los ojos y le temblaron las piernas, dejando el suelo lleno de gotas de sus fluidos. Él no se quedó atrás, se sacó la polla y le disparó la leche espesa en la cara, cubriéndole hasta las tetas, mientras ella se reía como una loca, limpiándose con los dedos para chupárselos después.