Mi hermanastra rubia no cree lo que le hago con mi polla
Estoy empotrándola contra la pared cuando su coñito apretado me aprieta la verga como si no quisiera soltarme. Janna Hicks no sabía que yo tenía esta polla monstruosa hasta que se la metí de una estocada y la hice gemir como una perra en celo. Al principio solo quería chupármela, pero cuando le mostré lo que tenía entre las piernas, sus ojos se abrieron como platos. 'No va a caber', susurró, pero ya era tarde: yo le estaba partiendo el culo mientras le llenaba el chocho con mi leche caliente. Cada vez que la embestía, sus tetitas pequeñas rebotaban y sus muslos se mojaban más. '¿Te gusta que te folle como a una puta, hermanita?', le pregunté mientras le agarraba el pelo y la obligaba a mirarme. Ella solo podía gemir, '¡Sí, sí, más duro!', mientras yo le clavaba la polla hasta hacerle tocar el cuello del útero. Cuando me corrí, le llené el coño hasta que rebosó, y ella se quedó temblando con mi leche goteando de su chocho. 'Nunca pensé que tu polla fuera tan grande', admitió, y yo solo sonreí sabiendo que ahora era mía.