Suegra cachonda me empotra en el baño oscuro
Ella siempre me miraba con esos ojos de puta necesitada cuando su marido se iba al trabajo, pero hoy no pudo aguantar más y me arrinconó contra la pared del baño con un gemido ahogado. La sudadera que llevaba se le pegaba al cuerpo mostrando unos pechos enormes que se balanceaban cada vez que se movía, y sus caderas anchas chocaban contra mi polla dura como si llevara horas esperando este momento. Sin pensarlo dos veces, le arranqué el tanga negro empapado y le metí los dedos en el coño chorreante mientras ella se mordía el labio para no gritar. La forma en que me suplicó con voz entrecortada —'más fuerte, métemela toda, cabrón'— me volvió loco, así que la levanté como si no pesara nada y la empalé contra la puerta de la ducha con embestidas brutales que hacían vibrar todo el espejo. Su culo redondo temblaba cada vez que la penetraba hasta el fondo, y el sonido de su carne chocando contra la mía se mezclaba con los jadeos que escapaban de su garganta. Pronto sus uñas se clavaron en mis hombros mientras su coño se contraía alrededor de mi verga, anunciando que estaba a punto de correrse, así que aceleré el ritmo hasta que un chorro espeso de leche le bañó las paredes internas mientras ella se deshacía en espasmos de placer. Cuando por fin la dejé en el suelo, su maquillaje estaba corrido, el pelo enredado y el coño aún goteando semen, pero lo que más me excitó fue ver cómo me observaba con una sonrisa de puta satisfecha, como si supiera que esto no sería la última vez.