Me corro como un animal en la ducha de su casa
Era tarde en su departamento, las luces apagadas y solo el sonido del agua corriendo en la ducha. Sabía que esto estaba mal, que no debíamos estar ahí, pero no pude evitarlo. La empujé contra los azulejos fríos, mi polla dura como piedra mientras le agarraba las tetas con fuerza. Ella gimió cuando le mordí el cuello, sus uñas clavándose en mi espalda mientras me frotaba contra su culo mojado. El vapor llenaba el aire, el espejo empañado reflejando nuestros cuerpos sudorosos. La penetré de una estocada, sintiendo cómo su coño apretado me envolvía entero. Cada embestida era más fuerte, más profunda, hasta que sus gemidos se volvieron gritos ahogados. Sabía que en cualquier momento alguien podría entrar, pero no me importó. La follé como un salvaje, sintiendo cómo su cuerpo temblaba bajo el mío. Cuando me corrí, fue con un gruñido animal, mi leche blanca manchando su piel mientras ella se agarraba a mí como si fuera su última salvación. Al salir, vi mi semen escurriendo por su pierna, una mancha pegajosa que nadie más vería.