La madrastra Nellyborsh me pilló masturbándome y no pudo resistirse
El sonido de la puerta chirriando me hizo saltar de la cama, con mi polla dura como una roca y el corazón a mil. Era Nellyborsh, mi madrastra, con los ojos clavados en mi verga goteando, y antes de que pudiera reaccionar, se mordió el labio y se acercó. Sabía que esto estaba mal, pero no podía parar. La agarré por la cintura y la empujé contra la pared, metiendo mi lengua en su boca mientras mis dedos se hundían en su coño mojado. Gemía como una puta en celo, y yo no aguanté más: la levanté, la senté en mi polla hasta que sus muslos temblaron, y la embestí contra el colchón hasta que sus uñas se clavaron en mi espalda. Cuando la puse de rodillas y le metí la verga hasta la garganta, sus ojos se llenaron de lágrimas, pero no se quejó. La volteé, le separé las nalgas y la penetré por detrás, sintiendo cómo su culo apretaba mi polla con cada embestida. Cuando me corrí, llené su cara de leche caliente, y ella se limpió los labios con los dedos, mirándome con una sonrisa culpable. Después, su respiración agitada era lo único que se escuchaba en la habitación.