La verificación que me dejó el coño destrozado
Carolina es el nombre de la putita que hoy va a vérselas conmigo. Desde que entró al cuarto, supe que no saldría intacta, porque mi polla ya estaba dura imaginando cómo le iba a romper ese culito apretado. Le ordené que se desnudara y se arrodillara, y lo hizo sin rechistar, como la sumisa que es. Primero, le agarré el cabello para guiar su boca hasta mi verga, obligándola a chupar como una profesional mientras mis caderas empujaban hasta el fondo de su garganta. Escuché sus gemidos ahogados, pero no me importó, lo único que quería era sentir su lengua caliente rodeándome. Cuando ya no pude más, la empujé contra la pared y le levanté las piernas para meterla entera de golpe, sintiendo cómo su coño mojado se adaptaba a mí como si estuviera hecho para mi polla. Cada vez que la embestía, su cuerpo rebotaba contra la pared, y sus gritos de placer llenaban la habitación. Le dije que era mi puta y que haría lo que yo mandara, y eso la volvió loca, porque empezó a moverse más rápido, como si necesitara demostrarme que podía aguantar. La giré hacia el espejo para que viera cómo mi polla desaparecía dentro de ella, y sus ojos se llenaron de lágrimas de placer. Cuando ya no aguanté más, tiré de su cabello para que se inclinara y me corrí en su espalda, marcándola con mi leche caliente. Ahora, mientras se levanta del suelo, veo cómo mi semen le resbala por la piel, y sonrío sabiendo que mañana todavía le dolerá.