La puta me mojó la cara con su coño chorreando de placer
La habitación olía a sudor y perfume barato, con la luz tenue de la lámpara iluminando su cuerpo desnudo sobre la cama. Ella se retorcía, gimiendo como una perra en celo, porque sabía que esto era mi venganza por el otro tipo que la había follado antes. Agarré su culo con fuerza y hundí mi lengua en su concha mojada, chupando cada gota de su jugo hasta que empezó a temblar. Mis dedos se clavaron en sus muslos mientras la penetraba con la lengua, sintiendo cómo su coño se apretaba alrededor de mi boca. Ella gritó cuando le di una palmada en el culo, y eso solo me hizo empujar más fuerte con mi lengua, saboreando su excitación. La puse de espaldas y me subí encima, metiendo mi polla dura hasta las pelotas en un solo movimiento. Cada embestida la hacía gemir más fuerte, y yo disfrutaba viendo cómo su cara se contorsionaba de placer. Cuando sentí que su coño se contraía, aceleré el ritmo, follándola con furia hasta que su orgasmo explotó y me bañó la cara con su flujo caliente. El líquido caliente me cubrió la barbilla y la boca, y yo seguí moviéndome dentro de ella, sintiendo cómo su cuerpo temblaba bajo el mío. No me detuve hasta que su coño dejó de chorrear y su respiración se volvió irregular. Fue entonces que me corrí dentro de ella, llenándola con mi leche mientras ella seguía gimiendo mi nombre. La sensación de su coño apretándome me hizo perder el control, y me vine con un gruñido, sintiendo cómo mi polla palpitaba dentro de su cuerpo. Ella se quedó quieta, jadeando, mientras yo me apartaba y mi semen empezaba a gotear de su concha abierta. El olor a sexo llenó la habitación, y yo me limpié la cara con la sábana, sabiendo que había dejado mi marca en ella. Su cuerpo seguía temblando, y yo sonreí, satisfecho de haberla usado como a una puta. La miré por última vez antes de levantarme, dejando que su coño mojado se quedara así, recordando que ahora era mía. No hubo palabras, solo el sonido de mi respiración agitada y el goteo de su flujo en el suelo. Me vestí en silencio, disfrutando del sabor de su coño en mi boca y el recuerdo de su cuerpo bajo el mío. Cuando salí de la habitación, la dejé allí, exhausta y cubierta de mi semen, sabiendo que nunca olvidaría esta noche. La puerta se cerró detrás de mí, y yo me fui, dejando atrás el olor a sexo y venganza.