La puta Daisy se vuelve loca con la polla de Bryan
Daisy no podía resistirse a la polla enorme de Bryan, cada vez que lo veía se le mojaba el coño y le temblaban las piernas de solo imaginar cómo se sentiría esa verga gruesa en su garganta. La muy puta se arrodilló frente a él, le bajó el pantalón con los dientes y empezó a chuparle la polla con desesperación, tragando cada centímetro hasta que las lágrimas le rodaron por las mejillas. Bryan la agarró del pelo, le metió la polla hasta el fondo y la hizo ahogarse con cada embestida, mientras ella gemía como una perra en celo, con la saliva escurriéndole por la barbilla. La muy zorra no podía dejar de babear, le lamía los huevos, le chupaba el culo y se dejaba humillar mientras él le escupía en la cara y le decía lo puta que era. Cuando Bryan ya no aguantó más, la obligó a abrir la boca bien grande y le llenó la cara de leche caliente, corriéndose en su lengua mientras ella tragaba como una desesperada. Daisy se limpió la boca con el dorso de la mano, pero su coño seguía palpitando, mojado y listo para más. La muy puta no tenía suficiente, siempre quería más polla, más humillación, más de todo. Bryan la tiró contra la pared, le arrancó el tanga y le metió los dedos en el coño mientras le escupía en la cara una y otra vez. La muy zorra gritaba como una loca, pidiendo más, rogando por que la follaran más duro, hasta que Bryan le dio lo que quería: una polla bien dura en su coño chorreante, embistiéndola como un animal hasta que los dos se corrieron a la vez, ella gritando como una puta en celo y él llenándole el coño de leche caliente. Al final, Daisy estaba cubierta de semen, con la cara, el coño y hasta los pechos llenos de leche, pero no le importaba, porque lo único que quería era más polla, más humillación, más de todo. La muy puta no tenía suficiente, nunca tenía suficiente.