Nicole Love recibe una brutal follada con tapón anal
Nicole entró a la oficina con ese vestido ajustado que se le pegaba a las caderas como si estuviera hecho de su propia piel, mostrando unos pechos naturales que amenazaban con reventar la tela en cualquier momento. Sus labios carnosos y pintados de rojo oscuro se abrieron en una sonrisa pícara cuando él se acercó, y antes de que pudiera decir nada, ella ya le estaba bajando el cierre del pantalón con los dientes mientras le clavaba la mirada llena de lujuria. La polla, gruesa y palpitante, saltó libre y Nicole no perdió ni un segundo: se la metió en la boca hasta la garganta, ahogándose con los gemidos que le salían del fondo de la garganta mientras sus tetas botaban al ritmo de los movimientos de su cabeza. Él le agarró el pelo con fuerza, empujando más profundo hasta que ella tuvo que apartarse para jadear, con la saliva resbalando por su mentón. Pero no duró mucho la pausa: Nicole se quitó el vestido de un tirón y se quedó solo con el tapón anal puesto, brillando bajo la luz del despacho mientras se agachaba sobre el escritorio, levantando ese culo perfecto para que él no tuviera que pedirlo dos veces. La primera embestida fue brutal, el tapón se hundió más con cada envite, haciendo que sus músculos se contrajeran alrededor de la polla como si quisieran tragársela entera. Nicole gritó, con los dedos arañando el mueble mientras él la empotraba sin piedad, el sonido húmedo de sus cuerpos chocando llenaba la habitación junto a los gruñidos de él y los gemidos ahogados de ella. Cuando por fin la levantó para darle la vuelta, Nicole ya estaba empapada, el coño chorreando y los muslos temblorosos de tanto placer. La pusieron de espaldas contra la ventana, con las piernas en alto, y él se enterró hasta las pelotas en su coño mojado mientras le apretaba los pezones duros como piedras. Nicole se corrió gritando su nombre entre jadeos, con las uñas clavadas en sus hombros, pero él no se detuvo: la folló contra la pared hasta que ella se corrió otra vez, esta vez con la polla enterrada hasta las pelotas en su culo, que no paraba de apretarse alrededor de su verga palpitante. La corrida fue intensa, los dos quedaron sudorosos y jadeantes, con los cuerpos pegajosos y el aire lleno del olor a sexo caliente y piel sudada.