Dos trans godas me empotran sin piedad tras perder
El equipo rival nos había dejado en la lona, pero estos dos ángeles con verga gruesa no solo vinieron a consolarme... venían a reventarme el culo y la boca como si fuera su premio de consolación. La morena alta me agarró del pelo y me clavó su polla morada hasta la garganta, ahogándome con cada embestida profunda mientras la rubia de tetas siliconadas me lamía los huevos con una lengua caliente y juguetona. Sentí cómo me chupaba las pelotas hasta dejarlas limpias mientras la morena me empotraba por detrás, su verga gruesa abriéndome el culo sin piedad hasta que los gemidos se me escapaban entre los labios apretados alrededor de su polla. La rubia se subió encima de mí, sentándose con todo su peso sobre mi verga dura hasta que el aire se me fue de los pulmones, y entonces empezó a cabalgarme como una posesa, sus tetas botando cada vez que se dejaba caer sobre mi cuerpo sudado. La morena, sin soltarme el pelo, me giró boca arriba y me montó a horcajadas, su coño depilado rozando mi cara mientras me escupía en la polla para lubricarla mejor antes de hundírsela hasta las bolas dentro de mi boca otra vez. Sentí cómo me llenaban por todos lados: la polla gruesa en la garganta me ahogaba con su sabor salado, el coño de la rubia me tapaba la nariz mientras me comía su flujo caliente, y el culo bien apretado de la morena me apretaba las bolas hasta que no pude más. Los tres gemíamos como animales en celo, el sonido de los choques de carne húmeda llenando el cuarto mientras me usaban como su juguete personal, sin importarles que ya me hubiera corrido tres veces antes en sus manos expertas. La rubia se corrió con un gritazo agudo, su coño empapando mi pecho mientras la morena no dejaba de empalmarme el culo con embestidas que me hacían ver estrellas, hasta que finalmente me llenaron por dentro: primero la morena me vino dentro del culo con un chorro espeso que me quemó por dentro, y luego la rubia me escupió su leche caliente directamente en la cara mientras me masturbaba con furia hasta dejarme seco. Quedé tirado en el suelo, con el cuerpo tembloroso, la polla flácida y los agujeros bien abiertos, sabiendo que este castigo era justo por haber perdido el partido... pero juro que volvería a perder mil veces más solo por repetir esta follada salvaje.