Irena Mur me humilla y me hace adorar sus pedos
Estaba arrodillado frente a ella, con la polla dura y las manos atadas, respirando el aroma de sus bragas empapadas mientras me miraba con esa sonrisa de diosa que me volvía loco. Llevábamos días jugando con esta fantasía, mirándonos con complicidad en el trabajo, intercambiando mensajes sucios que me dejaban con las pelotas hinchadas. Sabía que hoy no habría piedad, que me haría sufrir hasta que le rogara por su coño. Primero me obligó a lamerle el culo, hundiendo mi lengua en sus pliegues mientras ella gemía y me tiraba del pelo. Después me hizo chuparle los dedos, que olían a su excitación, antes de escupirme en la boca con esa mirada de superioridad que me encendía. Cuando por fin me dejó meterle el dildo, lo hice con furia, empotrándola contra la pared mientras ella se reía de mi desesperación. Cada vez que me acercaba a su coño, me apartaba con el tacón, dejándome babear de frustración. Al final, cuando ya no podía más, me obligó a oler sus pedos mientras me corría en el suelo, y solo entonces me dijo: 'Así se trata a un perdedor como tú'