Miss M domina a su esclava P con humillación anal extrema
—'No mereces ni mi saliva, puta'— gruñe Miss M mientras ajusta la jaula de castidad en la polla de su esclava P, que ya gime de anticipación. La domina sabe que esto está mal, pero el poder de degradarla la enciende más que cualquier cosa. La obliga a arrodillarse frente al espejo mientras le clava los dedos en el culo, estirando ese agujero virgen hasta que la esclava chilla. El plug de acero que lleva puesto no es suficiente para prepararla, pero Miss M disfruta ver cómo le arde cada vez que lo empuja más adentro. La máquina de follar ya está encendida, con su polla de goma lista para destrozarla, pero antes, la domina quiere escuchar sus ruegos. —'Suplícame, perra'— exige, y la esclava balbucea entre lágrimas, suplicando que la empotre de una vez. Cuando por fin la monta, el culo de P se abre como un melón maduro, tragándose cada centímetro de la máquina sin piedad. Los gemidos se mezclan con los golpes secos de la carne contra carne, y cuando Miss M decide que ya es suficiente, la esclava se corre sin tocarse, su orgasmo prohibido sacudiéndola entera. La domina sonríe, sabiendo que esto es solo el principio.