Glero domina a Laniam en una lluvia de leche caliente
El olor a sudor y lujuria llenaba el cuarto cuando ella se arrodilló frente a mí, sus tetas enormes colgando mientras me miraba con esa sonrisa de puta que ya conocía. No imaginaba que su boca podía tragar tanto, pero cuando mi polla rozó su garganta, sus ojos se abrieron como platos: ¡nunca había visto un verga tan gruesa! Al principio le costó, pero pronto empezó a gemir mientras la empujaba hasta las pelotas, sintiendo cómo su saliva caliente cubría cada centímetro. La sorpresa en su cara cuando le llené la boca de leche fue inolvidable, pero lo mejor vino después: cuando la hice arrodillarse otra vez y le corrí en las tetas, viendo cómo los chorros gruesos rebotaban en sus pezones duros. No contento, la obligué a lamerlo todo, y el gemido que soltó al tragar el último chorro me dijo que esto no terminaría aquí. La próxima vez, pienso atarla y ver cuánto aguanta antes de rogarme que la empotre contra la pared.