Papi me destruye la garganta con su verga enorme
Llevo semanas soñando con sentir esa polla gruesa reventándome la boca hasta ahogarme en mi propia saliva. Hoy el muy cabrón no tiene piedad y me agarra del pelo con sus dedos ásperos mientras me empuja la cabeza contra su entrepierna sin aviso. Mis labios se abren como pueden alrededor de su tronco venoso, esa piel caliente que me quema la lengua al instante, y cada vez que intenta clavármela hasta la garganta me ahogo con mis propios gemidos ahogados. Me escupe en la cara sin piedad antes de volver a empotrármela hasta el fondo, sintiendo cómo mi coño se moja solo de imaginármelo dominando cada centímetro de mi cuerpo. No puedo ni respirar cuando me tapa la nariz con su mano libre, obligándome a tragarle hasta que los ojos se me llenan de lágrimas y la babaza me resbala por la barbilla. 'Así me gusta, putita, que te tragues toda mi verga como la zorra que eres', gruñe mientras me da cachetadas en el cachete con su dura entrepierna, cada bofetada húmeda por mis babas y sus jugos previos. Cuando por fin me deja respirar, escupo un hilo de saliva mezclada con su leche en su grueso tronco, pero no me da tiempo a recuperarme porque me agarra de la nuca y me vuelve a embestir la boca con fuerza, ahogándome de nuevo hasta que siento su corrida espesa golpeándome la campanilla. Esta vez no me deja tragarla toda, me la escupe en la cara sin piedad mientras me ordena que la limpie con la lengua, y mientras obedezco me doy cuenta de que mi coño está empapado, mi tanga completamente arruinado y mis muslos temblando de excitación. Él se corre otra vez en mis labios, me cubre la boca y la nariz con su leche caliente, y no me importa ni un carajo porque necesito esto más que el aire. Me deja jadeando, con la cara empapada de su leche y la garganta inflamada, pero aún así me obliga a chuparle la punta de su polla palpitante hasta que no queda ni una gota. No soy más que una esclava de su verga, y este hijo de puta lo sabe muy bien.