Puta negra se empotra al jefe de la cárcel
La negra más cachonda de la prisión no dudó ni un segundo cuando el jefe le soltó que le daría libertad a cambio de un polvo salvaje. Con ese coño negro bien mojado y esos labios gruesos chupando como si no hubiera mañana, se tiró encima de su polla dura sin pensarlo dos veces. Él la agarró de las nalgas bien prietas y la empotró contra la pared del calabozo, haciendo que esos gemidos de puta caliente llenaran cada rincón de la cárcel. Ella, con esos pechos grandes rebotando sin control, le suplicaba que la follara más fuerte mientras se le escapaban chorros de leche por las tetas al correrse sin parar. La polla del jefe, gruesa y palpitante, se clavaba hasta el fondo de su coño negro, mojando hasta el último centímetro de su raja mientras ella gritaba de placer sin importarle quién pudiera escucharla. Entre lametones a su oreja y mordiscos en el cuello, el jefe la puso contra el suelo y la embistió como un animal en misión, con esa mirada de dominio que solo tienen los que mandan en el presidio. El olor a sexo y sudor inundaba el aire mientras sus cuerpos chocaban sin piedad, y cada embestida hacía que el coño negro de ella goteara más y más sobre el cemento frío. Cuando él le ordenó ponerse a cuatro patas, ella obedeció al instante, con la espalda arqueada y el culo en pompa, lista para recibir ese castigo placentero que tanto anhelaba. La polla entraba y salía como un pistón, dejando marcas rojas en sus nalgas mientras ella gemía con cada impacto, hasta que por fin el jefe se corrió dentro de su coño negro, llenándola de leche caliente y dejándola exhausta y satisfecha sobre el suelo sucio del calabozo.