Follada de pie con ropa puesta y tacones altos
La cocina estaba en silencio, solo el sonido de los tacones de ella golpeando el suelo mientras se movía con esa confianza que me vuelve loco. Sabía que esto estaba mal, que no debíamos hacerlo así, pero cuando vi cómo se mordía el labio al mirarme, supe que no iba a poder parar. La empujé contra la mesa, mi polla ya dura rozando su culo perfecto a través de la tela. Ella gimió cuando le levanté la falda, dejando al descubierto ese coño mojado que ya estaba listo para mí. No me quité los pantalones, solo bajé el cierre lo suficiente para sacarla y clavarla de una estocada, sintiendo cómo su calor me envolvía hasta las pelotas. Sus gemidos se mezclaban con el sonido de la carne golpeando contra carne, y cada vez que la penetraba más fuerte, ella arqueaba la espalda y apretaba los muslos. Sabía que no duraría mucho, pero no me importaba, lo único que quería era correrme dentro de ella, sentir cómo su cuerpo temblaba alrededor de mi verga. Cuando por fin lo hice, fue con un gruñido que llenó toda la cocina, y ella se quedó quieta, con la respiración agitada y las piernas temblorosas. Después, cuando me aparté, vi cómo su ropa estaba toda arrugada y su maquillaje corrido, pero eso solo me excitó más. Ella se limpió con un pañuelo, evitando mirarme a los ojos, como si de repente se hubiera dado cuenta de lo que habíamos hecho. Pero yo ya sabía que no sería la última vez.