Lily Larimar se entrega a la polla de su padrastro Jay Rock
—'No aguanto más, papi, necesito sentirte dentro'— me susurró Lily mientras me agarraba la polla con esa mirada de puta hambrienta que me vuelve loco. Llevábamos días jugando al gato y al ratón, miradas robadas en la cocina, roces 'accidentales' en el pasillo, hasta que esa tarde la tensión se rompió. La empujé contra la pared y le arranqué el short, hundiendo mis dedos en su coño ya empapado. Gemía como una perra en celo cuando le metí la lengua hasta el fondo, chupando su clítoris hinchado mientras ella me agarraba el pelo. La tiré en la cama y le abrí las piernas de una patada, plantando mi verga dura en su entrada antes de embestirla de una sola estocada. Sentía cómo su coño apretado me apretaba la polla mientras gritaba mi nombre, sus uñas clavadas en mi espalda. La puse a cuatro patas y le di con fuerza, escuchando el sonido húmedo de su culo chocando contra mis caderas. Cuando le agarré el pelo y le metí la polla hasta las pelotas, se corrió gritando, su jugo caliente chorreando por mis bolas. Me saqué y le disparé toda la leche en la cara, marcándola como mía. —'Ahora sí eres mi puta, Lily'— le dije mientras se lamía los labios, sabiendo que esto solo era el principio.