Amalia Davis se deja empotrar y pide leche en sus tetas naturales
La habitación está iluminada por la luz tenue de una lámpara de noche, con las sábanas revueltas y un espejo que refleja cada movimiento. Ella lleva un vestido ajustado que apenas cubre sus curvas, rozando su piel contra la de él cada vez que pasa. Desde hace días, Amalia Davis ha estado provocándolo: fotos en ropa interior, miradas largas, rozando su polla con el culo al pasar. Él ya no aguanta más. La agarra de la cintura y la tira sobre la cama, arrancándole el vestido de un tirón. Su coño está mojado, rosado, palpitando cuando él se arrodilla para chuparlo. Ella gime fuerte, arqueando la espalda mientras su lengua recorre cada pliegue. Él la voltea y la penetra de una estocada, sintiendo cómo su polla entra hasta las pelotas. Ella grita, clavando las uñas en las sábanas mientras él la embiste sin piedad. En doggy, sus tetas grandes rebotan con cada empujón, y él no puede resistir más: se corre sobre ellas, manchando sus pezones con leche espesa. Amalia Davis jadea, sintiendo el calor en su piel, y piensa que esto solo fue el principio.