Fishnets y ligueros: ¿aguantará mi culo esta noche?
La habitación olía a lujuria y a látex, con las luces tenues reflejándose en las medias de red que me apretaban los muslos. Sabía que él no podría resistirse a mi culo prieto y a la forma en que me movía, pero esta vez le iba a demostrar quién mandaba. Me puse a cuatro patas, arqueando la espalda para que viera bien cómo mi agujero se contraía de anticipación. '¿Crees que puedes manejar esto, cariño?', le dije mientras me agarraba los tobillos y empujaba el culo hacia atrás, desafiándolo. Él gruñó y se acercó, su polla ya dura y lista para entrar. Pero no iba a ser fácil: cada vez que intentaba penetrarme, yo apretaba más, haciéndolo gemir de frustración. 'No te rindas tan rápido', le provoqué, moviendo las caderas en círculos para volverlo loco. Cuando por fin logró entrar, fue una explosión de placer, su verga gruesa estirándome hasta que sentí cada vena. Me encantaba cómo mi coño se mojaba más con cada embestida, pero no iba a dejar que se corriera rápido. '¿Ya te cansaste?', le pregunté, apretando el culo para que sintiera cada contracción. Él me agarró de las caderas con fuerza, empujando más profundo, y yo gemí, sintiendo cómo su polla me llenaba por completo. Sabía que estaba cerca, pero no iba a dejar que ganara tan fácil. '¿Vas a correrte o qué?', lo provoqué, apretando aún más. Él gruñó y aceleró el ritmo, sus bolas golpeando contra mi piel. Cuando por fin se vino, fue con un gemido ahogado, su leche caliente llenándome por completo. Pero lo que más me excitó fue ver cómo me miraba, sabiendo que había ganado. Ahora solo pensaba en la próxima vez, en cómo lo haría rogar aún más.