Espencer se abre de piernas para empotrada brutal anal
Desde que lo vio por primera vez en el bar, Spencer no podía sacarse de la cabeza ese culito prieto y esas tetas pequeñas que le bailaban cada vez que se movía. El muy cabrón llegó a su casa con esa verga enorme que le colgaba pesada entre las piernas, mojada ya por el pre-semen que le chorreaba hasta los huevos y le dejaba marcas en los muslos. Al abrir la puerta, Spencer ni siquiera le dejó hablar: se quitó el vestido de un tirón, se agachó sobre la mesa de la cocina y le ofreció el culo bien abierto con los dedos separando las nalgas para que él viera cómo se le mojaba todo el coño al sentirlo detrás. Las primeras embestidas fueron lentas pero profundas, haciendo que Spencer soltara un gemido ronco mientras él le agarraba las tetas pequeñas con una mano y le empujaba la cabeza contra la madera con la otra. Cuando pasó a la postura del perrito, Spencer no pudo evitar arquear la espalda y empujar el culo hacia atrás para recibir cada embestida hasta el fondo, sintiendo cómo esa polla gorda le estiraba el ano hasta el límite antes de sacársela casi por completo y volver a empotrarla con un golpe seco que le hacía temblar las rodillas. Él le escupió en el coño sin avisar, usando la saliva espesa para lubricarle mejor el culo antes de clavársela de pie contra la pared, con Spencer agarrada a sus hombros y los pies en el aire, recibiendo cada embestida como una puta bien entrenada que solo piensa en correrse. El sonido de los choques entre sus cuerpos resonaba en toda la casa, mezclado con los gritos ahogados de Spencer cada vez que él le llegaba hasta el útero, y el olor a sexo y sudor impregnaba el aire mientras ella le suplicaba que no se detuviera. Cuando él le agarró el pelo y le metió la polla hasta la garganta en una mamada forzada, Spencer se corrió sin poder evitarlo, con el coño chorreando mientras él seguía empotrándola sin piedad, usando su leche espesa para llenarle el culo hasta rebosar. Al final, la dejó tirada en el suelo con las piernas abiertas, el coño temblando y el culo lleno de semen caliente que le goteaba por los muslos, mientras ella solo podía gemir y repetir que quería más.