Chica sucia se corre afuera y pide más polla
La muy puta se arrodilló en el pasto mojado, con el culo al aire y la tanga hecha jirones, gimiendo como una perra en celo mientras él le clavaba la polla hasta el fondo. Las gotas de lluvia le caían por la espalda, mezclándose con el sudor que le resbalaba entre los pechos, y cada embestida la hacía gritar más fuerte, pidiendo que no parara. La verga gruesa le llenaba el coño hasta reventar, y ella se agarraba los muslos, arqueando la espalda para que le entrara más hondo. Los gemidos se volvían más desesperados cuando él le agarraba el pelo y le tiraba la cabeza hacia atrás, follándola como una bestia salvaje. La muy zorra no podía contenerse y se corrió a chorros, gritando que le diera más, que no se sacara la polla, que la dejara empapada de semen. Él le soltó una corrida tremenda en la espalda, marcándola como suya mientras ella seguía temblando de placer, con el coño palpitando y el cuerpo temblando de satisfacción. La muy puta no podía creer lo bien que se sentía después de que la hubieran follado así, con tanta fuerza y sin piedad.