Veraniega rubia se corre follando sin parar
La rubia del video llegó con ese aire inocente que solo tienen las frescas que saben que van a dejar a todos con la boca abierta. Nada más verla en bikini, con esos pechos redondos y naturales rebotando al caminar, todos supimos que el viaje iba a ser puro vicio. Desde el primer trago de cerveza fría hasta que la polla le entró hasta las entrañas, no hubo un segundo de calma. Ella se dejó caer sobre el colchón de la habitación compartida, con las tetas al aire y el coño ya más que mojado, pidiendo a gritos que la empotraran sin piedad. Cuando agarré su cintura y le metí la verga hasta el fondo, la muy puta arqueó la espalda y soltó un gemido que hizo temblar las paredes de madera fina del lugar. No hubo preliminares, solo carne contra carne, culo contra cadera, mientras ella se movía como una perra en celo buscando más profundidad. Las embestidas resonaban en el aire mezcladas con los sonidos de sus muslos mojados chocando contra mi muslo y sus gritos ahogados en la almohada. Cada embestida le arrancaba un quejido más fuerte, hasta que no pudo aguantar más y se corrió con la polla bien honda, los jugos resbalando por mis bolas mientras seguía dándole duro. La cambié de posición en un santiamén, poniéndola a cuatro patas sobre la cama deshecha, con ese culo redondo y prieto moviéndose como loca al ritmo de mis embestidas salvajes. Le agarré el pelo con fuerza y le metí la verga hasta la garganta, sintiendo cómo se ahogaba pero seguía pidiendo más con esos ojos azules llenos de lujuria. Cuando por fin me corrí dentro de ella, la llené hasta el fondo mientras la rubia se retorcía de placer, con los muslos temblando y el coño goteando por todas partes. El viaje terminó con ella tirada en el suelo, con las piernas abiertas y la boca roja de tanto chupar, pero lo mejor fue verla ahí, satisfecha y sonriente, sabiendo que le había dejado la marca de la polla bien marcada en el cuerpo y en la memoria.