Un culazo es destrozado con un dildo de 30 centímetros
La noche estaba fría y ella no podía dormir, así que decidió sacarse las ganas con un juguete que guardaba bajo la cama. Se quitó el camisón y se quedó desnuda frente al espejo, admirando su cuerpo perfecto, con ese culo redondo y apretado que siempre le traía problemas. Se acostó boca abajo en la cama y separó las piernas, sintiendo cómo el dildo enorme se deslizaba entre sus nalgas, lubricado con su propia saliva. Al principio lo metió despacio, gimiendo fuerte mientras lo empujaba más adentro, sintiendo cómo su coño se abría para recibirlo. Con cada embestida, el dildo golpeaba su punto G, haciendo que su cuerpo temblará de placer. Las sábanas estaban empapadas de su excitación, y ella no podía parar de gritar, pidiendo más, más duro, más rápido. Cuando ya no aguantó más, sacó el dildo y se corrió como loca, sintiendo cómo su leche salía a chorros, manchando todo a su alrededor. Se quedó tirada en la cama, jadeando, con el cuerpo temblando de satisfacción. Al final, se limpió con una toalla y se durmió sonriendo, sabiendo que al día siguiente repetiría.