Mi gran polla negra me hace correrme a chorros
Después de pajearme horas con la imaginación desbordada, ahí estaba yo, con la verga dura como una roca y la punta brillando de pre-semen, cuando supe que esta vez no podría aguantar más. Me acerqué al espejo del baño para verme bien la polla negra y gruesa que tanto me pone, y al rozarme el glande con los dedos sentí un escalofrío que me recorrió toda la espalda. No pude resistirme y me masturbé con fuerza, imaginando que era su enorme miembro el que me penetraba hasta el fondo, sintiendo cómo me abría en canal con cada embestida salvaje. Los gemidos se me escapaban sin control mientras me masturbaba a dos manos, una apretando la base para no correrme demasiado pronto y la otra frotando la punta con movimientos circulares y cada vez más rápidos. El sonido húmedo de mi propia piel resbaladiza llenaba la habitación, mezclado con los gruñidos que salían de mi garganta cuando imaginaba que era él quien me tenía atrapado contra la pared, empotrándome sin piedad mientras me susurraba al oído lo buen puto que soy para tragarme su leche caliente. La cabeza me daba vueltas y el sudor me resbalaba por la frente mientras aceleraba el ritmo, imaginando que su polla negra se hinchaba dentro de mí hasta explotar en mil pedazos de leche espesa que me llenarían por completo. Sentí cómo el orgasmo se acercaba, los muslos me temblaban y el corazón me latía a mil por hora, hasta que finalmente solté un gemido gutural y me corrí con fuerza, disparando chorros gruesos que aterrizaron en mi pecho, mi barriga y hasta en el espejo, dejando manchas blancas pegajosas por todas partes. Los últimos espasmos me dejaron jadeando, con la polla aún dura pero palpitando, y con la sensación de haberme vaciado por completo, como si su leche caliente me hubiera llenado hasta el último rincón. Lo único que podía pensar era en lo rico que sería sentir esa verga negra dentro de mi culo ahora mismo, sintiendo cómo me reventaría con cada embestida hasta dejarme sin aliento.