Hermana gótica me roba a mi novia en terapia
La hermana gótica del novio llegó con esa actitud de mala piba, mirada oscura y labios pintados de negro, mientras la novia gemía en el sofá porque le encantaba que le metieran los dedos antes de empezar. Él no podía creer lo que veía cuando su propia hermana se arrodilló frente a su polla dura y le empezó a chupar sin aviso, dejando la saliva caer por su verga mientras sus tetas apretadas se marcaban bajo el corsé negro. La novia, sin poder aguantar más, se quitó el vestido y se puso a cuatro patas en el suelo, mostrando ese coño bien mojado que olía a excitación pura, mientras la gótica se le acercó por detrás y le comenzó a lamer el culo con la lengua antes de empalarla con su strap-on bien grueso. Los gemidos llenaron la sala de terapia cuando él le agarró el pelo a la novia y le metió la polla hasta la garganta, ahogándola en babas mientras la gótica le clavaba el arnés contra su culo sin piedad. La novia no podía parar de gritar que se corría, con las piernas temblando y los jugos resbalando por sus muslos, mientras la hermana gótica le escupía en el coño y le metía dos dedos dentro, retorciéndoselos hasta que la otra puta se vino otra vez con un espasmo que le dejó la espalda arqueada. Él, ya al límite, se sacó la polla chorreante y le disparó un chorro de leche caliente en la cara de la novia, que se la lamió toda antes de que la gótica se subiera encima de él para que le metiera la verga hasta el fondo, haciendo que se le llenaran las tetas de sudor mientras el strap-on le golpeaba el culo con cada embestida. La sala olía a sexo barato y a pies sudados mezclado con el perfume dulce del coño de la novia, y cuando los tres se vinieron juntos, el charco de leche, babas y jugos quedó esparcido por todo el suelo de la consulta, dejando claro que esa terapia había sido mucho más efectiva que cualquier pastilla.