Tres putas se follan al piscinero sin condón
Las tres zorras llegaron a la piscina con un plan bien sucio: pagarle al chico del mantenimiento para que les diera un buen revolcón sin protección. En cuanto lo vieron con el torso mojado y la polla marcándose bajo el bañador, no pudieron resistirse y lo arrastraron hasta el vestuario. La primera se le tiró encima sin perder tiempo, le agarró la verga dura como piedra y se la metió hasta el fondo del coño empapado, empotrandolo contra la pared con gemidos de puta caliente. La segunda no perdió la oportunidad, se agachó en cuatro patas, le abrió las nalgas gordas y empezó a chuparle el culo mientras él le metía los dedos en el chichi mojadísimo. La tercera, con las tetas grandes rebotando sin control, se subió encima de él a horcajadas y se dejó caer sobre su verga hasta que sus muslos chocaron contra sus caderas, sintiendo cómo el líquido caliente le resbalaba por las piernas al correrse sin parar. El agua de la piscina no era lo único que se movía: las camas de los vestuarios crujían bajo el peso de los cuerpos sudados y los gritos de las zorras se mezclaban con el sonido de las embestidas brutales. Los tres se dejaron llevar por el vicio sin importarles quién pudiera escucharlos, porque lo único que importaba era ese polvo salvaje donde las tetas rebotaban, el culo se movía sin control y la polla se hundía una y otra vez hasta que todos acabaron con el coño y la verga llenos de leche espesa. La tercera no pudo aguantar más y se corrió otra vez, esta vez mojando el suelo con un chorro fuerte de jugos calientes mientras sus amigas le lamían los muslos temblorosos. El piscinero, con la cara roja de placer, no se detuvo hasta dejar a las tres bien saciadas, con el coño goteando y las piernas temblorosas de tanto gozar.