Tatamira se deja empotrar por su amiga en la residencia
Tatamira no esperaba que su amiga Embanta llegara tan temprano a la residencia, pero cuando la vio sonriendo con esa mirada de hambre, supo que no saldría intacta. Te la agarras por la cintura mientras le susurras al oído, sintiendo cómo su coño ya está mojado bajo el jean ajustado. Las dos escuchan los pasos de los demás estudiantes en el pasillo, pero no les importa, porque prefieren el riesgo de ser pilladas mientras se meten en la cama. Le bajas los pantalones y le apartas el tanga, viendo sus labios rosados hinchados de excitación. Te la metes de una estocada, sintiendo cómo su culo se tensó contra tu polla. Embanta gime bajito, mordiéndose el labio para no hacer demasiado ruido, pero cada embestida la hace gemir más fuerte. Sientes sus tetas contra tu pecho, sus pezones duros como piedras mientras la empotras más rápido, los muelles de la cama chirriando con cada movimiento. El miedo de que alguien las oiga solo las excita más, y Tatamira te clava las uñas en la espalda, pidiéndote que la hagas correrse antes de que alguien entre. En más de 10 minutos de escena, no paras hasta que las dos se quedan temblando, sudadas y satisfechas. 'Joder, otra vez', te susurra Embanta con una sonrisa de puta satisfecha, retándote a seguir antes de que alguien pueda descubrirlas.