Assilille gime mientras la empotran contra la pared
La habitación estaba sumida en una penumbra cálida, con el sonido lejano de la lluvia golpeando los cristales. Assilille llevaba días sintiendo esa tensión insoportable, esos roces casuales que se volvían cada vez más intencionales, hasta que ya no pudo soportarlo más. Sus piernas temblaban cuando él la acorraló contra la pared, sus manos grandes y ásperas recorriendo su cuerpo con urgencia. Ella arqueó la espalda, ofreciéndole sus pechos pesados, sus pezones duros como piedras, mientras él le arrancaba la ropa con movimientos bruscos. La humedad entre sus muslos era evidente, su coño palpitante y empapado de deseo, listo para recibir esa polla gruesa que ya se frotaba contra su entrada. Él no perdió tiempo, la levantó de un solo movimiento y la empotró contra la pared, hundiendo su verga hasta hacerle gemir de placer. Cada embestida era más profunda, más salvaje, sus caderas chocando con fuerza mientras ella enredaba sus piernas alrededor de su cintura. Los gemidos de Assilille se volvían más altos, más desesperados, sus uñas marcando la espalda de él mientras se corría en oleadas intensas. Él siguió follándola sin piedad, sus bolas golpeando su culo con cada movimiento, hasta que finalmente se vació dentro de ella con un gruñido gutural. Cuando terminaron, la blusa de Assilille yacía hecha jirones en el suelo, manchada con su sudor y algo más.