Abuelito james se corre a chorros en su sillón
El viejo James llevaba semanas con la polla dura cada vez que recordaba cómo su mano callosa se deslizaba sobre su glande resbaladizo de líquido preseminal. Esa tarde del 9 de octubre del 2025, mientras el sol se filtraba por las cortinas polvorientas, se acomodó en su sillón de cuero agrietado con las bolas bien cargadas y el prepucio tirante alrededor del capullo rojo de su verga. Con un gemido gutural que le salió del pecho, se agarró la verga gruesa y peluda con los dedos llenos de venas y empezó a mover la piel hacia adelante y hacia atrás, sintiendo el roce áspero de su propia carne contra la carne sensible de la cabeza. La punta brillaba con cada gota de líquido que brotaba, dejando un rastro pegajoso en su vientre abultado, mientras sus huevos se tensaban cada vez más cerca del orgasmo inminente. Las embestidas de su propia mano se volvieron más rápidas y desesperadas, el sonido de la carne chocando contra sí misma llenando el silencio de la casa junto con los gruñidos ahogados que salían de su garganta. Entre dientes apretados, murmuró algo sobre su nieta imaginaria mientras la verga se ponía tan dura que casi le dolía, con el capullo hinchado y morado por la sangre congestionada. Cuando el primer chorro de leche espesa salió disparado como un latigazo, le cayó en la barriga llena de vello gris y en el pecho, dejando marcas blancas que resbalaban lentamente hacia abajo. Siguieron saliendo más disparos calientes y espesos, salpicando su propio muslo flácido y el reposabrazos del sillón, mientras él se corría con los ojos cerrados y la boca entreabierta, jadeando como si hubiera corrido una maratón. Hasta el último espasmo dejó su verga temblorosa y mojada, con restos de semen colgando de la punta como telarañas, mientras su cuerpo se relajaba por completo en el sillón manchado de leche.