Sindy Memo se deja empotrar por una verga trans en el sofá de su casa
“Cállate, que mi marido puede entrar en cualquier momento”, le susurré a Cam Crest mientras me agarraba las tetas con una mano y con la otra me abría el culo para meterme su polla gruesa hasta las pelotas. El sofá de mi sala, ese donde mi esposo se sienta a ver la tele, era ahora mi cama de putería, y cada gemido que soltaba me hacía mojarme más. Sentía la verga de Cam Crest entrando y saliendo de mi culo, grande y dura, mientras yo me arqueaba para que me diera más fuerte. “No pares, métemela hasta el fondo”, le rogaba entre dientes, con el miedo de que mi marido escuchara los golpes de su cadera contra mi culo. Las paredes del pasillo crujían, y cada ruido me ponía más nerviosa, pero más caliente también. Cam Crest me agarraba de las caderas y me clavaba su verga como si quisiera romperme, y yo solo podía gemir y pedir más, más rápido, más duro. El sofá se movía con cada embestida, y yo me mordía los labios para no gritar, pero los jadeos se me escapaban sin querer. Cuando por fin se corrió dentro de mí, sentí su leche caliente llenándome el culo mientras yo me retorcía de placer. Al salir, Cam Crest me miró con una sonrisa pícara y me dijo: “La próxima vez, te follo en la cama de tu marido”. Al escuchar eso, me estremecí, pero no pude evitar sonreír. Cuando mi marido llegó, ni siquiera sospechó lo que acababa de pasar en su propio sofá.