Sharisex milf rubia se sienta en la polla negra del vecino
La sala estaba en silencio con solo el televisor encendido de fondo mientras el riesgo de que alguien entrara por la puerta principal mantenía todo más tenso. Sharisex te mira directo a los ojos y empieza a contarte cómo se bajó el vestido despacio para que vieras su piel clara contra la tuya oscura. Te preguntó si te gustaría que el marido llegara en ese preciso instante y te oyera gemir mientras ella te montaba. Su mano rodeó tu polla gruesa y la guió hacia su coño ya abierto y caliente que tragó cada centímetro de golpe. Cada vez que bajaba las caderas el sonido húmedo de su culo chocando contra tus muslos llenaba la habitación y ella tenía que morderse el labio para no gritar. El miedo a que los pasos del vecino o de un familiar se acercaran por el pasillo la obligaba a moverse más despacio pero más profundo hasta que sentías su útero apretando la cabeza de tu verga. Ella te susurraba al oído que siguieras empujando aunque se oyera cualquier ruido en la cocina y que no pararas ni aunque la puerta se abriera. Sus tetas rebotaban frente a tu cara y el sudor corría entre ellas mientras su clítoris rozaba tu pelvis en cada subida. Sharisex pensaba que este peligro constante de ser descubierta la hacía mojarse más que nunca y que volvería a buscarte aunque el marido estuviera en la casa de al lado.