Putita brasileña se deja reventar el culo al aire libre
Gustavo Borges apareció con una verga que me hizo abrir los ojos como platos, nunca había visto algo así de grueso y largo. El negro cachondo ni siquiera preguntó, me agarró el culo redondo y me empujó contra el capó para que sintiera toda su polla negra cabalgándome sin piedad. Mi coño se derritió al sentir cómo esa herramienta monstruosa me taladraba hasta el fondo, cada embestida resonaba en mis gemidos desesperados. Cuando sacó el miembro brillante de mis jugos y me lo clavó en el ojete, el grito que lancé debió escucharse a tres cuadras, pero él siguió empujando como un animal hasta que mi culo se abrió como una flor. El muy perro disfrutó cada segundo de verme retorcerme, sintiendo cómo su leche espesa me llenaba el agujero más íntimo. Después, con la voz ronca de tanto gritar, solo atiné a decirle: "¿Y eso era tu polla pequeña, negro?"