Emma Hix convence a su amiga de dejarla chupar su coño mojado
Yo ya llevaba días imaginando cómo sería probar ese culito redondo de Bella Rolland, pero nunca pensé que la tensión entre nosotras iba a romperse así. Cada vez que nos mirábamos en clase, sus ojos bajaban a mi boca y yo me mordía el labio sin poder evitarlo. La otra noche, después de estudiar, el alcohol nos soltó la lengua y empecé a rozar su pierna bajo la mesa, sintiendo cómo se le erizaba la piel. Cuando llegamos a su habitación, no aguanté más y le bajé el pantalón de un tirón, hundiendo mi cara entre sus muslos. Su coño ya estaba chorreando, caliente y rosado, y empecé a lamerlo con la lengua bien dura, metiendo los dedos hasta que gritó. Bella se arqueaba, agarrándome del pelo, mientras yo le chupaba el clítoris como si fuera un caramelo. Cada gemido suyo me ponía más cachonda, y cuando le metí la lengua hasta el fondo, sus muslos temblaron. Al final, se corrió en mi boca con un grito ahogado, y en ese momento supe que ya no habría vuelta atrás. Ahora solo piensa en cuándo repetiremos.