Pareja asiática follando en la entrada de su casa
"¿No ves que no podemos esperar?" me susurró Momoka al oído mientras me arrastraba hacia la puerta, sus dedos temblando al abrir el cierre de mi pantalón. Te voy a contar cómo una simple mirada puede encender el fuego que ni el sentido común apaga. Sabíamos que estaba mal, que cualquiera podía vernos, pero el deseo nos quemaba más que la vergüenza. Apenas cerramos la puerta, ya estaba de rodillas, mi polla dura desapareciendo entre sus labios carnosos, sus gemidos ahogados por el tamaño. Momoka no es de las que se conforma con un chupetón rápido, así que cuando me corrí en su boca, no dudó en pasarse la lengua por los labios, saboreando cada gota. Diez minutos de puro pecado donde el sofá, la pared y el suelo fueron testigos de cómo nos empotrábamos sin piedad, sus uñas marcando mi espalda mientras gritaba que la llenara. ¿Te imaginas el calor de su coño apretándome cuando la levanté contra la pared? Sus piernas temblorosas, el sudor mezclándose con el perfume barato que siempre usa, ese que me vuelve loco. Al final, solo quedó su tanga negro tirado en el suelo, manchado de lo que no pudimos contener.