MilfyCalla regala una mamada profunda y dos buenas corridas
Mordiendo el labio inferior, MilfyCalla agarra la polla de su jefe con urgencia mientras él empuja suavemente su culo redondo bajo el abrigo de piel sintética, sintiendo cómo se moja más cada vez que la lengua de ella recorre el grosor de su verga. Sus gemidos ahogados se mezclan con el crujir de la ropa de cuero fino que apenas tapa el escándalo que están armando en esa oficina prohibida, donde en cualquier momento podría entrar la secretaria o el esposo celoso. Ella mira hacia la puerta cada tanto, pero no puede resistir chupar con más fuerza, tragando cada gota antes de que él le ordene arrodillarse de nuevo, esta vez para untarle el semen en sus pezones duros. Las manos de él exploran cada curva de ese culo perfecto, marcando huellas rojas donde debería haber estado el cinturón de castigo que tanto le gusta usar en privado, mientras sus dedos se clavan en las nalgas firmes que rebotan contra su pelvis. Ella gira la cabeza hacia atrás para besarle con la boca llena, saboreándose a sí misma en sus labios, hasta que él la obliga a abrir más las piernas y le empotra contra el escritorio, haciendo temblar los papeles mientras sus tetas se sacuden al ritmo de las embestidas. El sonido de los tacones de la recepcionista acercándose los pone en alerta, pero él no para, apretándole el cuello para silenciar sus gemidos más fuertes mientras ella clava las uñas en el cuero del sillón. La última corrida le quema la garganta, manchando el maquillaje impecable de MilfyCalla, que mira fijamente los ojos de su jefe mientras lame los restos de la punta hinchada, sin importarle el riesgo de que la puerta se abra en cualquier momento. Él se ajusta el traje rápidamente, sintiendo cómo la excitación aún le dura en los pantalones, pero ella ya está recogiendo sus medias rotas con una sonrisa pícara, sabiendo que mañana volverá a buscar más.