Melissa se monta como una diosa y lo llena de leche sin avisar
El olor a sudor y perfume barato flotaba en el aire cuando Melissa entró al cuarto con sus tacones resonando contra el piso. Sabía que Bigbate no podría resistirse a sus grandes tetas rebotando frente a su cara, a su culo apretado moviéndose justo sobre su polla dura, provocándolo desde la mañana con mensajes sucios y fotos de su coño mojado. Le gustaba jugar así, hacer que se retorciera de deseo antes de saltar encima de él, montándolo como una reina mientras él agarraba sus caderas destrozadas. Sus gemidos llenaban la habitación cuando lo empotró hasta que los huesos de sus caderas chocaron, sintiendo cómo su verga entraba hasta hacerle tocar el cuello del útero. La puta no paraba de reírse mientras lo cabalgaba, frotándose contra él con movimientos lentos y calculados, asegurándose de que sintiera cada centímetro de su carne caliente antes de apretar sus paredes vaginales y ordeñarlo sin aviso, llenándolo hasta reventar. Cuando se bajó, dejó un hilo de leche blanca corriendo por el muslo de él, mezclándose con el semen que aún goteaba de su coño satisfecho.